lunes, 20 de enero de 2014

APRENDER A ESTUDIAR


¿Con cuál de las siguientes definiciones del estudio estás más de acuerdo?
Estudiar es:
1.      Aprender de memoria uno o varios temas.
2.      Prepararse para aprobar un examen.
3.      Tratar  de comprender algo de forma sistemática.
4.      Llevar a cabo los deberes que señala el profesor.
¿Cuál es la mejor  respuesta?   
Veámoslo en detalle. 
1.      Para aprender algo es necesario retenerlo o recogerlo, pero esto no es suficiente. Hace falta también entender (lo que exige, a su vez, pensar, reflexionar). Memorizar sin comprender es solamente repetir (como un loro).
2.      El  sentido  del estudio es encontrar respuestas para lo que nos preguntamos y no sabemos. Hay que estudiar para saber y no simplemente para aprobar exámenes.
3.      Esta es la mejor de las cuatro definiciones. Lo fundamental del estudio es la comprensión. Por ello debes esforzarte por comprender todo lo que estudias. No basta entender algunas cosas: hay que intentarlo con todo lo que se estudia, y siempre, es decir, de forma  sistemática
4.      El estudio no es simplemente adquirir información, conocer cosas. Tampoco puede reducirse a hacer lo que señala el profesor. Si te limitas a hacer esto, tendrás una actitud pasiva y no sabrás hacia dónde te diriges o qué persigues.
A continuación, proponemos una definición que está muy relacionada con la citada en tercer lugar: 
Estudiar es aplicar las facultades mentales para
adquirir, comprender y organizar el conocimiento
.
ESTUDIAR NO ES COMPRENDER
Estudiar es situarse adecuadamente ante unos contenidos, interpretarlos, asimilarlos, retenerlos, para después poder expresarlos en una situación de examen o utilizarlos en la vida práctica.
APRENDER es obtener el resultado positivo que se busca con la actividad de estudio. 
El punto crucial es aprender a aprender. Y se aprende gracias a estrategias. Una vez adquiridas, las buenas estrategias de aprendizaje, nos sirven para toda la vida.
 

miércoles, 1 de enero de 2014

EDUCACIÓN: ¿QUIÉN SUSPENDE?


Sabemos por experiencia propia lo que la educación puede significar para un niño: en nuestra vida hemos visto cómo una generación de niños provista de formación construía una nación. Y nuestra educación fue la base que nos permitió tomar parte en los acontecimientos históricos de nuestros respectivos países: la liberación de nuestros pueblos del colonialismo y el apartheid.

 

La educación puede marcar la diferencia entre una vida de pobreza opresiva y la posibilidad de una vida plena y segura: entre niños que mueren a causa de una enfermedad evitable y familias que se crían en un entorno saludable; entre huérfanos que crecen en el aislamiento, y comunidades que tienen los medios para protegerlos; entre países destrozados por la pobreza y los conflictos, y el acceso a un desarrollo seguro y sostenible. La enseñanza es uno de los instrumentos más eficaces que tenemos para promover la prevención del sida y poner fin a la propagación de la pandemia. En tiempos de paz, la enseñanza puede proveer a los niños de medios para protegerse; en tiempos de guerra, puede literalmente salvarles la vida.

 

Pero hoy en día el mundo atraviesa una crisis de la educación. Ciento veinte millones de niños -dos terceras partes de ellos niñas- no tienen acceso a la enseñanza básica. Uno de cada cinco niños no verá nunca el interior de un aula. Al consentirlo, estamos impidiendo a estos niños participar significativamente en la sociedad; estamos permitiendo que aumenten las diferencias entre los países desarrollados y los subdesarrollados, y perpetuando los ciclos de pobreza y desigualdad.

 

En muchos países en desarrollo, el precio de la escolaridad es la barrera que impide llevar a los niños al colegio. Incluso en países en los que la enseñanza primaria se supone que es gratuita, el coste de los libros y uniformes significa que muchas familias pobres sencillamente no pueden permitirse el dar a sus hijos una educación. En Zambia, enviar a una criatura a la escuela primaria puede costarle a una familia una quinta parte de su renta; no es de extrañar que más de medio millón de niños de este país no vayan al colegio.

 

Los Gobiernos tienen que hacer mucho más para que todos los niños puedan acceder a la escolarización. En nuestro continente, África, los presupuestos nacionales a menudo no dan prioridad a las necesidades básicas de los más pequeños: acceso a la enseñanza, atención sanitaria y agua potable. Aunque nuestras prioridades y compromisos están claros, la respuesta a esta situación puede ser extraordinaria. En Malawi, la matriculación en escuelas primarias creció en un 50% a raíz de la decisión del Gobierno de suprimir los pagos de matrícula y los uniformes obligatorios en 1994. Hoy Malawi es uno de los pocos países del mundo en los se matriculan por igual en las escuelas primarias niños de ambos sexos. Sin embargo, estos logros han hecho más difícil la lucha permanente por encontrar recursos suficientes para financiar la educación, ya que los colegios se ven ahora superados por el número de alumnos.

 

En el Foro Mundial de la Educación reunido en Dakar, Senegal, los Gobiernos y las organizaciones donantes se reafirmaron en su compromiso de universalizar la enseñanza primaria para el año 2015. Los países en desarrollo prometieron implantar programas de Educación Para Todos (EFA, siglas en inglés) que contemplarán la escolarización gratuita de los alumnos de primaria. La comunidad internacional prometió que 'la falta de recursos no impedirá a ningún país seriamente comprometido con la Educación Para Todos alcanzar esta meta'. Dos años después, muchos países que han elaborado planes de enseñanza no están recibiendo el apoyo prometido. El ministro de Educación paquistaní, Zubaida Jalal, cita la falta de recursos como una 'barrera insuperable para la Educación Para Todos en la región del sur de Asia'.

 

La decisión tomada por el Gobierno de Holanda de asignar 135 millones de euros para financiar campañas de educación en países en vías de desarrollo es alentadora, pero no es más que uno de los escasísimos intentos por llevar a la práctica el compromiso con la Educación Para Todos. Recientemente, el Banco Mundial hizo un llamamiento para eliminar el pago de matrículas en los colegios, implantar medidas inmediatas para aumentar los recursos asignados a países que tienen planes de enseñanza, y multiplicar por tres o por cinco las donaciones para la enseñanza primaria. Agradecemos calurosamente el nuevo Plan de Acción del Banco para la educación, que ha sido respaldado por los ministros de Economía y Desarrollo del G-7. Debemos asegurarnos de que estas medidas se cumplen y no se convierten en la última serie de iniciativas que no se llevan a cabo.

 


Vivimos en una economía global de más de 30 billones de dólares; tenemos los recursos. El año pasado, el mundo gastó casi el doble en defensa que en educación (en algunas regiones hasta cuatro veces más). Se calcula que cada mes se desembolsan 1.000 millones de dólares sólo para las acciones militares en Afganistán. Para alcanzar los objetivos globales del acceso universal a la enseñanza, hay que invertir al menos 5.000 millones de dólares al año. Si nos tomamos en serio la lucha contra la ignorancia, la enfermedad, la pobreza -y la construcción de un mundo apropiado para nuestros hijos- tenemos que ser tan diligentes a la hora de encontrar medios para financiar la educación, la atención sanitaria y el bienestar social de nuestros niños, como lo somos a la hora de encontrar medios para defender nuestras naciones en otros sentidos.

 

Hace muchos años, los países industrializados acordaron dedicar un 0,7% de la renta nacional a la Ayuda Oficial al Desarrollo, pero sólo Holanda, Noruega, Suecia y Dinamarca han cumplido firmemente esa promesa. Muchos de los países más ricos rondan el 0,3% o no llegan. El anuncio reciente del Gobierno noruego de aumentar su ayuda desde el 0,92% hasta el 1% de aquí a 2005 es un ejemplo extraordinario para todos nosotros.

 

En estos días, los líderes mundiales participan en la Sesión Especial para la Infancia de Naciones Unidas. A finales de junio, líderes de los países industrializados más ricos se reunirán en la Cumbre del G-8 en Canadá. Ambos acontecimientos constituyen una oportunidad para llevar a la práctica los compromisos ya alcanzados, para asegurarnos de no dejar pasar ni un minuto más sin emprender una acción rápida y clara. No debemos permitir que nuestras promesas suenen vacías.

 

Nosotros -la sociedad civil y el sector privado- también debemos desempeñar nuestro papel. Los ciudadanos de los países industrializados pueden hacer que sus Gobiernos e instituciones donantes se responsabilicen de sus promesas de proveer los fondos necesarios para financiar la educación universal. Los ciudadanos de los países en vías de desarrollo deben asegurarse de que sus Gobiernos han creado e implantado planes de enseñanza sólidos. Los grupos de la sociedad civil y el sector privado pueden asociarse con sus respectivos Gobiernos con el fin de canalizar recursos hacia la educación.

 

Si no alcanzamos los objetivos para la enseñanza universal, no sólo no cumplimos nuestros compromisos como gobiernos, comunidades y ciudadanos, sino que también fallamos a nuestros niños. Todos ellos tienen derecho a aprender.

 

Nelson Mandela, ex presidente de Suráfrica,

 

domingo, 22 de diciembre de 2013

FELIZ NAVIDAD

 Os deseamos unas felices fiestas 
 y un nuevo año lleno de buenas nuevas
y muchos aprobados



martes, 10 de diciembre de 2013

LA EDUCACIÓN UN ARMA MUY PODEROSA


Es una de las frases más famosas de Nelson Mandela, el gigante que derrotó a uno de los sistemas racistas más represivos del mundo, Premio Nobel de la Paz y ex presidente de Sudáfrica, fallecido este jueves a los 95 años de edad.

martes, 19 de noviembre de 2013

NIÑOS QUE SUSPENDEN


Un niño o joven de entre 10 -17 años  que deje de estudiar, es un problema de extrema gravedad  y hay que abordarlo  urgentemente.

Abandonar la primera obligación en edades tan tempranas es una situación de riesgo para otro tipo de comportamientos.

 

Cuando hablamos de niños que no quieren estudiar nos referimos a:

- Niños que ponen excusas continuamente para no dedicar tiempo a los estudios: dicen que no tienen deberes, ni exámenes o que ellos ya se lo saben.

- Los resultados escolares son negativos y el niño no aprende.

- El comportamiento en la escuela no suele ser adecuado: no atiende, no trabaja e incluso molestan a otros.

- Son niños que por otro lado no tienen ninguna dificultad importante a nivel intelectual que pudiera explicar su actitud.

 

Algunos factores que suelen estar presentes en estos casos y que influyen en la conducta son:

- El niño no ha llegado a adquirir un hábito de estudio.

- Hay poco seguimiento por parte de los padres.

- Las pautas educativas, las normas en casa y el nivel de exigencia efectivo es inadecuado.

- Son niños con poca capacidad de esfuerzo

 
 
¿CÓMO ACTUAR?
Este es un problema que habría que haber prevenido, pero si ya está presente les propongo poner en práctica la siguiente estrategia:
 
1º. Cambien algunas actitudes como padres
Si como padres han mantenido alguna actitud inadecuada, cámbienlas urgentemente, sobre todo:
- Hagan un seguimiento más estricto de los estudios de su hijo y afronten el problema evitando culpabilizar a los demás.
- No se dejen engañar por su hijo. Es fácil saber si efectivamente el niño tiene o no tarea para casa, exámenes o si obtiene resultados negativos. Sólo tienen que querer saberlo: basta con hablar con el profesor, revisarle los cuadernos periódicamente o llamar por teléfono a otros padres.
- Mejoren la organización de la vida del niño y la de la propia familia.
Revisen su escala de preferencias y sean consecuentes.
2º Hablen con el niño
Sean firmes y déjenle muy claro que dejar de estudiar no es algo negociable. Es su responsabilidad actual y tiene que cumplirla.
Ofrézcanle su ayuda y procuren su colaboración, de manera que las decisiones sean lo más consensuadas posibles.
3º No intenten “comprar” al niño.
Tampoco caigan en la tentación de “comprar” su responsabilidad. Las promesas de premiarle a cambio de sacar los estudios, no sólo no mejoran las cosas, sino que transmiten el mensaje de que le están pidiendo un favor para ustedes y no un beneficio para él.
4º. Supervisen y elogien
Supervisen que efectivamente se pone a estudiar el tiempo indicado. Elógienlo cuando vaya cumpliendo el horario previsto y muéstrenle su satisfacción por las mejoras.
5º. Adopten medidas si no estudia
Cuando el niño no cumpla lo pactado y no estudie, deben adoptar medidas. Lo que no pueden permitir es que el niño no haga nada, todo siga igual o incluso obtenga algún tipo de ganancia con esta conducta.
Las medidas que pueden adoptar son:
- No permitir otra actividad alternativa durante el tiempo previsto para estudiar: como estudiar, ver la tele o salir.
- Retírenle algunos privilegios a corto, medio o largo plazo. No esperen demasiado tiempo para que esta medida se haga efectiva, ni amenacen en vano. La intención no es dañar al niño, simplemente que compruebe que no cumplir sus obligaciones implica sufrir unas consecuencias.
6º. Y si nada funciona…
Si a pesar de los intentos anteriores el niño se sigue negando a estudiar o como padres se muestran incapaces de llevarlas a cabo, deben consultar a un especialista con experiencia de trabajo con niños que valoren la situación en profundidad.
 
 
 

sábado, 2 de noviembre de 2013

EL PEQUEÑO DICTADOR. CUANDO LOS PADRES SON LAS VÍCTIMAS


El niño en muchos hogares se ha convertido en el dominador de la casa, se ve lo que él quiere en la televisión, se entra y se sale a la calle si así a él le interesa, se come a gusto de sus apetencias.

Cualquier cambio que implique su pérdida de poder, su dominio, conlleva tensiones en la vida familiar, el niño se vive como difícil, se deprime o se vuelve agresivo. Las pataletas, los llantos, sabe que le sirven para conseguir su objetivo.

Son niños caprichosos, consentidos, sin normas, sin límites, que imponen sus deseos ante unos padres que no saben decir no.

Hacen rabiar a sus padres, molestan a quien tienen a su alrededor, quieren ser

constantemente el centro de atención, que se les oiga solo a ellos. Son niños desobedientes, desafiantes.

No toleran los fracasos, no aceptan la frustración. Echan la culpa a los demás de las consecuencias de sus actos.

La dureza emocional crece, la tiranía se aprende, si no se le pone límites.

Hay niños de 7 años y menos que dan puntapiés a las madres y éstas dicen «no se hace» mientras sonríen: o que estrellan en el suelo el bocadillo que le han preparado y posteriormente le compran un bollo.

Recordemos esos niños que todos hemos padecido y que se nos hacen insufribles por culpa de unos padres que no ponen coto a sus desmanes.

Otro hecho reiterado es el de las fugas del domicilio y el consecuente absentismo escolar con conductas cercanas al conflicto social. En otros casos, el hijo o hija entra en contacto con la droga y es a partir de ahí donde se muestra agresivo/a, a veces con los hermanos. Otros casos son los hijos que utilizan a sus padres como “cajeros automáticos”, o con chantajes, o manifestando un gran desapego hacia sus progenitores, transmitiendo que profundamente no se les quiere.

 

miércoles, 9 de octubre de 2013

ESPAÑA NO APRUEBA


España no ha podido superar su particular revalida en educación y el temido informe PIACC 2013, también conocido como el informe PISA para adultos  vuelve a mostrar  resultados devastadores sobre la situación en España en 2013.

El Informe PISA para adultos sitúa a España a la cola en matemáticas y es antepenúltima en lectura, superando solamente a Italia, ambas en la categoría de adultos de las 23 economías desarrolladas en las que se ha realizado este estudio de carácter anual. Por su parte, Japón lidera las dos categorías, secundada por Finlandia.

El PIACC también señala diferencias educativas en los niveles más altos, ya que mientras que en los países de la OCDE el nivel 'excelente' lo alcanza el 12% de la población, en España esta tasa solo llega al 5%.